Permanecer menos tiempo sentado reduce el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular en mayores de 65 

Creado El 20 abril, 2018 | 0 Comentarios

Permanecer menos tiempo sentado reduce el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular en mayores de 65 

  El sedentarismo en personas mayores de 65 años eleva el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, tal y como indica un estudio que ha realizado el Departamento de Educación Física, Deporte y Motricidad Humana de la Universidad Autónoma de Madrid, el Instituto Imdea y el Ciberesp (Consorcio de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud), publicado en el American Journal of Preventive Medicine. Para llegar a esta conclusión, contaron con datos de 2.657 adultos mayores de 65 años (1.682 mujeres y 975 hombres). Los participantes informaron de cuánto tiempo pasaban sentados aldía entre 2001 y 2003. Después, se les hizo seguimiento durante más de 9 años de media para conocer la causa de muerte. Los resultados fueron claros: los participantes que tenían niveles bajos de sedentarismo tenía un 33% menos de riesgo de muerte cardiovascular. Por cada hora diaria extra de tiempo sentado aumenta la probabilidad de morir por causas cardiovasculares en un 6,4%. Uno de los autores del trabajo, David Martínez-Gómez, apunta que “comprobamos además que los mayores que hacían suficiente actividad física y que redujeron su tiempo sentados tenían un 48 por ciento menos de probabilidad de morir por patologías cardiovasculares en comparación con aquellos mayores inactivos y consistentemente sedentarios. Esto significa que si logramos que los mayores mantengan un nivel adecuado de actividad física y reduzcan el tiempo que permanecen sentados, las muertes por causas cardiovasculares podrían reducirse considerablemente”. Verónica Cabanas-Sánchez, otra de las autoras del trabajo, señala que “el tiempo sentado es un importante factor de riesgo de mortalidad cardiovascular en los mayores. Sin embargo, la epidemia del sedentarismo no sólo afecta a la salud de los mayores. En proyectos anteriores hemos comprobado que el sedentarismo se asocia con factores de riesgo cardiovascular también en niños y adolescentes, incluso con su rendimiento académico. Por tanto, debemos ser capaces de encontrar estrategias efectivas que provoquen un cambio en los estilos de vida de todos los segmentos de la...

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La acrilamida, en el punto de mira

Creado El 17 abril, 2018 | 0 Comentarios

La acrilamida, en el punto de mira

La Acrilamida es un compuesto orgánico que se puede formar al cocinar o procesar los alimentos a temperaturas elevadas (especialmente compuestos ricos en almidón, como las patatas o los cereales). Uno de los modos de generarse es mediante una reacción (de Maillard) que se origina con el calor y que pardea u oscurece los alimentos (haciéndolos más sabrosos). Ocurre a temperaturas altas (superior a 120º C) y baja humedad. Los alimentos más habituales por su frecuencia de consumo que contienen Acrilamida son: Patatas fritas y asadas Pan de molde y pan tostado Café Galletas y galletas saladas Cereales de desayuno Pastelería Es también un componente del humo del tabaco.   La acrilamida se encuentra clasificada como “probable carcinógeno para los humanos” (Grupo 2A) por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) en base a los estudios realizados con animales. En este momento no está claro que estos resultados pueden extrapolarse al hombre. Los animales de laboratorio expuestos a Acrilamida tienen más riesgo de desarrollar mutaciones genéticas y cáncer y a dosis altas puede provocar efectos nocivos en el sistema nervioso. Aunque es probable que la acrilamida haya formado parte de nuestra dieta desde que cocinamos los alimentos, las preocupaciones de seguridad que plantea esta sustancia desde su descubrimiento en alimentos en el año 2002 han empujado a los expertos mundiales a recomendar la reducción de su presencia en los alimentos. El pasado día 21 de noviembre se publicó el Reglamento (UE) 2017/2158 de la Comisión, por el que se establecen medidas de mitigación y niveles de referencia para reducir la presencia de acrilamida en los alimentos. El Reglamento ha entrado en vigor el 11 de abril de 2018 y su aplicación es obligatoria para los operadores económicos, tanto las industrias alimentarias como los sectores de catering, hostelería y restauración. De forma paralela, en el plan de actividades de la AECOSAN para este año se incluye la elaboración de material divulgativo para informar a los consumidores de este riesgo identificado, teniendo en cuenta además el Informe del Comité Científico de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) sobre los criterios de seguridad que limiten la exposición a acrilamida producida por la fritura de patatas, así como la celebración de jornadas informativas destinadas ya a profesionales de los sectores afectados. Aunque no podemos eliminar la Acrilamida totalmente de nuestra dieta,  sí es posible intentar disminuir la cantidad que ingerimos. En este sentido, el Comité Científico de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) ha elaborado unas recomendaciones para minimizar la producción de acrilamida en el cocinado de patatas en el ámbito doméstico: Recomendación general:  Llevar una dieta variada y equilibrada.   En la compra de patatas:  Utilizar sólo patatas en el periodo óptimo de maduración, sin brotes ni zonas verdes. En la conservación de patatas en el hogar: No almacenar las patatas a una...

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El consumo frecuente de carne, pollo o pescado a la parrilla o muy tostado puede aumentar el riesgo de hipertensión

Creado El 16 abril, 2018 | 0 Comentarios

El consumo frecuente de carne, pollo o pescado a la parrilla o muy tostado puede aumentar el riesgo de hipertensión

Un estudio realizado por el Departamento de Nutrición, de la Harvard T.H. Chan School of Public Health, en Boston (EEUU) advierte del peligro de un alto consumo de carne, pollo o pescado a la parrilla o cocido a alta temperatura o una gran ingesta de carne bien cocida, ya que se asocia a un mayor riesgo de hipertensión. El autor principal de este trabajo, Gang Liu, Ph. D, señala que: “Entre las personas que consumen carne roja, pollo o pescado regularmente, nuestros hallazgos implican que evitar el uso de métodos de cocción con llama al aire libre o con alta temperatura, como asar a la parrilla, al horno o tostar, puede ayudar a reducir el riesgo de hipertensión“. Para llegar a esta conclusión trabajaron con datos de casi 33.000 mujeres del Nurses’ Health Study,que se realizó desde 1996 a 2012, y de 54.000 hombres del Health Professionals Follow-Up Study, realizado también en la misma época. Estos mostraron que el consumo de carne roja, pollo o pescado a la brasa o alta temperatura más de 15 veces al mes estaba relacionado con un riesgo un 17% mayor de sufrir hipertensión, si se comparaba con el grupo que lo consumía menos 4 veces al mes. Concretamente, se observó que 37.123 participantes del estudio desarrollaron hipertensión. Entre los que habían tomado 15 ocasiones al mes carne roja, pollo o pescado, se comprobó que si habían utilizado métodos de cocción de alta temperatura (asar a la parrilla, al horno o tostar), el riesgo de sufrir hipertensión era de un 17% mayor que los que realizaban un consumo más bajo. Además, la posibilidad de sufrir esta enfermedad crecía si se trataba de carne roja, siendo algo menor respecto al pollo y al pescado. Con estos datos, los científicos también comprobaron que también influye el grado de cocinado de la carne, ya que una carne más hecha implicaba un mayor riesgo de hipertensión, frente a los que prefieren una carne con un punto menor de cocinado. “Aunque la razón exacta sigue sin estar clara, la evidencia acumulada ha sugerido que cocinar carnes a altas temperaturas puede producir varios químicos peligrosos, incluyendo aminas aromáticas heterocíclicas, hidrocarburos aromáticos policíclicos y productos finales de glicación avanzada, que podrían inducir estrés oxidativo, inflamación y resistencia a la insulina en estudios con animales”, explica Liu, que añade que “estas vías fisiopatológicas también pueden conducir a un riesgo elevado de desarrollar hipertensión”. Estos resultados sugieren que puede ayudar a reducir el riesgo de hipertensión el no ingerir estos alimentos muy tostados y moderar el uso de métodos de cocción a la brasa o de alta temperatura, como asar a la parrilla y al horno. Sin embargo, lo que aún está por determinar es si estos resultados son extrapolables a las verduras a la parrilla o al aire libre, o a otros tipos de carne, como la de cerdo o cordero. Tampoco se ha determinado qué ocurre con otros métodos de cocinado, como el sofrito o el estofado. Además, este estudio solo se ha realizado con población caucásica, por lo que se desconoce cómo afecta a otras...

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Los jóvenes obesos también multiplican su riesgo de sufrir cáncer prematuramente

Creado El 4 abril, 2018 | 0 Comentarios

Los jóvenes obesos también multiplican su riesgo de sufrir cáncer prematuramente

Un estudio publicado en la revista “Obesity” concluye que un índice de masa corporal de más de 30 en adultos jóvenes puede conllevar graves problemas de salud, entre ellos un aumento en el riesgo de desarrollar hasta 13 tipos de cáncer: de mama, colorrectal, riñón, endometrio, tiroides, páncreas, hígado, mieloma, gástrico, meningioma, ovario, esófago y vesícula. Los casos de cáncer en adultos jóvenes se están incrementando. Es más, según datos del estudio, casi un 10% de los tumores de mama y el 25% de los nuevos casos de cáncer de tiroides se dan en personas de 20 a 44 años. La obesidad provoca el aumento del riesgo de sufrir todos estos tipos de cáncer, ya que amplifica los mecanismos celulares que promueven su desarrollo y acelera su progresión. Los investigadores trabajaron con datos extraídos de los estudios de la Universidad Case de la Reserva Occidental de Cleveland (EEUU), analizando datos de más de 100 investigaciones con animales, ensayos clínicos y estudios epidemiológicos y comprobaron que la obesidad infantil y juvenil pueden tener un efecto duradero que termine derivando en cáncer. Uno de los autores del estudio, Nathan Berger, asegura que “si eres obeso, tienes un mayor riesgo de cáncer. Y si pierdes peso, mejora el pronóstico y puede reducirse el riesgo, pero nunca desaparece por completo. Incluso, si una vía se bloquea con éxito, el cáncer inducido por la obesidad toma otro camino”. El motivo es que la obesidad provoca cambios en el ADN que se acumulan con el tiempo y que incluyen marcadores genéticos y modificaciones epigenéticas que se mantienen hasta mucho tiempo después de perder peso. Pero además,  esta enfermedad altera el metabolismo y causa desequilibrios hormonales que pueden ayudar a las células tumorales a subsistir; altera la flora microbiana en el intestino, causando un predominio de microorganismos que favorecen el cáncer; y el reflujo gastroesofágico (tan frecuente en obesos) provoca daños que incrementan el riesgo de cáncer de esófago. Dado que los cambios pueden permanecer incluso después de haber adelgazado, es conveniente hacer saber al médico de cabecera si se ha sido obeso de pequeño o en la juventud para que lleve un seguimiento más exhaustivo. Esta es otra razón más para prevenir esta pandemia que afecta a 110 millones de niños y adolescentes en el mundo y de que se tome conciencia en todas las instancias: padres, escuelas, industrias y gobiernos de la seriedad del...

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Otros enemigos de la dieta: Las vacaciones

Creado El 20 marzo, 2018 | 0 Comentarios

Otros enemigos de la dieta: Las vacaciones

Una vez finalizado el XIV Congreso de la SEEDO (Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad), en el que se han tratado las perspectivas actuales para abordar el manejo de esta enfermedad, que afecta a 300 millones de personas en el mundo y a un billón de personas con sobrepeso, me gustaría hacer un breve resumen de lo tratado y aportar mi granito de arena en lo que al modo de rebajar esta cifra se refiere; lo que, al fin y al cabo, es lo que buscamos todos los que nos dedicamos a tratar a personas con sobrepeso u obesidad. Cada vez vamos conociendo más los múltiples elementos que condicionan el hecho de que haya un desequilibrio entre ingreso y gasto de energía: factores genéticos, metabólicos, la microbiota (composición de las bacterias intestinales), el reloj interno, el entorno y sus condicionantes, el tipo de dieta, la actividad física y otros muchos que no voy a mencionar aquí por no entrar en tecnicismos. A medida que se va avanzando en el conocimiento de todos estos determinantes, nos vamos acercando más a la posibilidad de desarrollar una dieta individualizada para cada sujeto y poder determinar su composición concreta en nutrientes. Lo que es evidente es que nuestro organismo aún está programado para sobrevivir en épocas de carestía y no de sobreabundancia de alimentos, por lo que la tendencia natural es a generar depósitos de reserva para cuando “no haya”. En la actualidad, el 60% de la población adulta en los países desarrollados tiene sobrepeso u obesidad y en los países en desarrollo ya alcanza al 30%. A la hora de intentar revertir esta situación, no todos los individuos se comportan igual: hay quien modificando sus hábitos alimenticios y aumentando su actividad física, consigue normalizar su peso y mantenerlo; pero también están los que, pese a llevar una dieta y realizar ejercicio, no consiguen el objetivo. Para este último grupo, solo quedan dos alternativas (sin prescindir de las anteriores): los fármacos, o la cirugía, o ambos. En lo que respecta a los fármacos, en la actualidad disponemos de algunos que consiguen una disminución de peso relativa y una mejora del perfil metabólico del paciente; pero aún es insuficiente. Se han expuesto en el Congreso diversas vías de investigación, aún en fase experimental, bastante prometedoras. Como quiera que, en todos los casos de sobrepeso u obesidad, es necesario un replanteamiento en el modo de comer y que éste debe de ser definitivo y no puntual para evitar volver a la situación inicial, voy a centrarme esta vez en otro Enemigo de una Dieta de Adelgazamiento: LAS VACACIONES No me refiero a periodos cortos, como puede ser un fin de semana o un “puente”, sino a descansos de dos o más semanas, como las vacaciones navideñas o estivales. Es un hecho que he ido constatando a lo largo de mi ejercicio profesional y...

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